Jueves 14 Diciembre 2017

La revista de César López 20 años dando clavo

  • Miércoles, 21 Diciembre 2016 03:34

Medio independiente, “para mentes jóvenes”, arribó ya a su número 98. Del claustro javeriano, al debate de las ideas públicas. Medio ambiente, cultura, emprendimiento, hacen parte de su propósito editorial. 

En un país donde surgen con entusiasmo decenas de revistas cada año, las mismas que de pronto desaparecen, con el mismo alborozo, tener en Cali una publicación como El Clavo, la cual acaba de cumplir 20 años, es motivo de orgullo no sólo para su fundador, César López, sino para su grupo de colaboradores y la comunidad en general.

El Clavo surgió en las aulas de la Universidad Javeriana, como un medio estudiantil para criticar o aplaudir todo lo que ocurría en el claustro. César contaba sólo 17 años cuando pensó que esta era una buena manera de mantener al estudiantado en vilo, a la espera de lo que pudiera decir El Clavo, nombre sugestivo que remite necesariamente a la “talla” o crítica insistente que puede sobrevenir en un espacio estudiantil.

Aunque El Clavo también connota situaciones eróticas. En más de una ocasión su creador se ha visto en la necesidad de acudir a la dirección de algunos portales en la web, donde, sin mediar examen, la revista ha sido declarada “de contenido adulto…”

López nació en Cali pero sus padres y abuelos son de Palmira.  Ahí, su abuelo fue el propietario de la sastrería “Lord”, la misma que un día fue pasto de las llamas. Su abuelo siempre tuvo chófer y en una ocasión sufrió un accidente. Un bolígrafo Parker que llevaba en el bolsillo, le salvó la vida. Su padre fue criado en la fe adventista; César, el mayor de una familia de tres hermanos, puede recordar cómo su progenitor le refería que nunca había olvidado cuando salían del templo, “y afuera estaban los católicos esperándolos para tirarles piedras…”.

Una de sus tías recibió un regalo singular de su abuelo, cuando cumplió quince años; él le trajo “los 15 clásicos de la literatura universal”. Ella le dijo: “Esto me lo leí hace rato…” Cesar cuenta la anécdota para ilustrar acerca del apego intelectual que siempre tuvo su familia

“Nuestra revista se llama así, porque el clavo es una herramienta de construcción. Antes la íbamos a bautizar como El Martillo. El origen de la revista es filosófico. Deben entenderse que nosotros somos la generación que venía de las bombas de Pablo Escobar”. Conoció al grupo que se hacía llamar El Clavo, en la Universidad Javeriana, mientras prestaba servicio militar en la Tercera Brigada. Quien inventó este nombre fue Diego Porras. “Del grupo hacían parte Fernando Torres, Diego Lozano, Katherine Donado, Ricardo Muriel y Angélica Ospina. En la universidad hacíamos conversatorios, hablábamos de la supuesta apatía estudiantil, por ejemplo, y tocábamos también el asunto del conflicto armado; desde entonces, hasta hoy, los términos de discusión eran básicamente los mismos”, anota.

A César López siempre le gustó el periodismo. Hizo parte del periódico del Colegio Claret y participaba en la emisora del plantel, igualmente.  Algunos de estos primeros integrantes de El Clavo, venían del Instituto Fes de Liderazgo, y habían hecho parte de la revista Camaleón, de la que fue directora María Luisa García. Estaban vinculados a procesos juveniles que hoy muestran sus resultados en la ciudad. Algunos de ellos, al igual que César, fueron también scouts.

El primer número empezaron a hacerlo a finales del 96, y lo imprimieron ya en el 97. “Esa primera edición la hicimos en Propal Lbro, y el autor del diseño fue Omar Rengifo “, recuerda ahora López. Su Maestría en Historia la realizó en torno a El Clavo, cuando la publicación cumplió 15 años.

Ingeniero industrial, fue Jefe de Prensa del ex alcalde Rodrigo Guerrero, y columnista de EL PAIS. Está casado con María Fernanda Arias y es el padre de Alejandro.

Hasta el momento El Clavo ha publicado 98 números. El concepto estético que representa la revista, su símbolo, es del agrado de la juventud, para la que está hecha la revista. “Para mentes jóvenes” reza su lema, y es por ello que en las tiendas universitarias han tenido mucha acogida las prendas con su distintivo en gorras, bolsos, camisetas.

Es una revista que se caracteriza hoy por sus campañas en pro del medio ambiente, la cultura, el emprendimiento. Desde Cartón de Colombia, Carlina Toledo Patterson les dona el papel.

“En Comunicaciones y Humanidades, muchos estudiantes se quejan de la ausencia de espacios para publicar. Creo que El Clavo nació para ser ese espacio donde la gente pueda expresarse”, dice. La Revista tiene hoy programa de radio en Univalle, los martes, y cada jueves, espacio televisivo en el Canal 14.

En este 2016, la revista recibió el Premio Alfonso Bonilla Aragón de la Alcaldía de Cali. Ostenta también el premio nacional que confiere El Tiempo y Semana a este tipo de publicaciones. 

Hacia el futuro, desea abrir un café literario, en la casa de San Fernando donde hoy tiene sede la revista, diagonal a Carulla. Seis comunicadores trabajan permanentemente ahí; en sus páginas han escrito Alberto Salcedo Ramos, Daniel Samper Ospina, Ricardo Silva, Efraín Medina, entre otros.

Lo claro es que por ahora, esta revista seguirá dando clavo.

*Foto: Luis Gaviria

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