Sábado 21 Octubre 2017

Álvaro Arana Núñez, valor vallecaucano El compromiso de “hacer todo bien…”

  • Jueves, 27 Octubre 2016 15:08

Declarado en 2016 como “el cirujano plástico del año”, es además el fundador de “La Tinaja” en Rozo, templo de la cocina regional. Pionero del “clúster” de salud en torno al cual se mueve buena parte de la economía de Cali, tercera en América en el campo de las cirugías plásticas.

Cirujano plástico exitoso, discípulo de Ivo Pitanguy, con grandes reconocimientos, además, en el mundo de la gastronomía, por lo que significa hoy su marca “La Tinaja”, en Rozo, Álvaro Arana Núñez es hoy uno de los grandes valores vallecaucanos.

El pasado 31 de agosto el Concejo Municipal de Santiago de Cali, le otorgó la Medalla  Santiago de Cali, en el Grado Cruz de Oro, e igualmente la Honorable Asamblea Departamental del Valle distinguió sus méritos con la orden de la independencia Vallecaucana, en el Grado Cruz de Comendador.

El homenaje fue un reconocimiento a su trayectoria de servicios al sector de la salud en el ámbito público, privado y social, por su “invaluable aporte al desarrollo de la medicina, la Cirugía Plástica, Estética, Reconstructiva y Maxilofacial en el Valle del Cauca, Colombia y como en el exterior”, y de manera especial y como director y fundador de la Clínica Interplástica, donde ha realizado más 18.000 cirugías, en 22 años desde su regreso de Brasil, donde se especializó.

Su nombre va hoy por el mundo, dado el prestigio alcanzado con su profesión, lo que permitió que se le declarara recientemente  “El Cirujano Plástico del Año”, además de múltiples reconocimientos a nivel nacional e internacional, como el conferido por Perú en el año 2010, Fue el presidente del Congreso Internacional de Cirugía Plástica- Estética  realizado en Cali entre el pasado 31 de agosto al 4 de septiembre, el cual reunió a 1.200 cirujanos de todo el planeta, entre ellos los 32 profesores más reconocidos a nivel mundial. Egresado de la Universidad del Valle, se especializó en Brasil, en el Hospital de Ipanema y en la clínica de su profesor Ivo Pitanguy.

Bugueño de nacimiento, al seno de una familia de las tradiciones y amantes de la buena mesa sus primeros años de vida los vivió en el Ingenio Pichichí, estudió la primaria en el colegio Santo Tomás de Aquino. Hizo sus estudios secundarios entre el Gimnasio Central del Valle y el José María Cabal de Buga. El último año, en el  Cárdenas de Palmira, donde vino a vivir con su abuela. De su madre, tías, y de su propio padre, aprendió a compartir y participar en las fiestas de la cocina que hoy ha llevado a un punto muy alto a través de “La Tinaja”. 

Desde muy pequeño tuvo también afición por los caballos, y esta misma fue la que lo llevó a crear, por selección natural y fruto del azar del destino, el restaurante donde, en el decir de Vicky Acosta y de Germán Patiño (QEPD) se comen hoy las mejores empanadas del Valle del Cauca, hechas con maíz blanco, de “chiquichoque”, y de acuerdo a las viejas recetas, las que consultó, pueblo por pueblo en su recorrido histórico por el Valle del Cauca.

Semanalmente salía a “cabalgatear” con sus amigos médicos, y fue de esta manera como resolvió, inicialmente, comprar una pequeña porción de tierra en Rozo, para construir unas pesebreras. Ahí, él y sus colegas guardaban los equinos, promovían asados, hasta que un amigo del grupo, le propuso colocar unas toldas donde estarían resguardos del mal clima y en mejores condiciones. Del asado se pasó al sancocho de gallina y Álvaro debió contratar cocineros, meseros, pues el lugar ya no fue sólo para los médicos, sino que se hizo público, en construcción típica con techo de paja y mayor espacio, lo que lo obligó a adquirir terrenos aledaños.

La Tinaja genera empleo a más de 170 personas y con una oferta gastronómica vallecaucana conservando las tradiciones y de la más alta calidad, con un programa de recreación que aman los niños, pues ellos pueden montar caballos, cantar, ir en carretas, con la compañía de recreacionistas profesionales. Desde siempre ha sido atracción la pista sonora dentro del restaurante, la cual permite como en una música genuina escuchar el paso de los caballos, Álvaro siente orgullo de “Melao de caña”, su reproductor, de paso fino colombiano, que suma ya más de 25 premios nacionales.    

Empleó a viejas matronas que nunca en su vida habían pensado en trabajar o volver a trabajar. “Ellas son las portadoras de los secretos de la verdadera cocina vallecaucana. Desde luego, las hemos inscrito en cursos, seminarios, talleres y Escuelas de Gastronomía, para aprender a manejar alimentos de acuerdo a las normas BPM, las buenas prácticas, sin perder la esencia, la originalidad de sus recetas”, dice Álvaro Arana.

La mesa vallecaucana tiene aquí su templo. La Tinaja innovó con las marranitas de plátano maduro; sus tamales vallecaucanos, sólo con carne y costilla de cerdo, son tenidos como los mejores, así como el arroz atollao. Pilar Barona, rozeña, su jefe de cocina y Walter Reyes, su  chef principal tumaqueño, introdujeron ya algunos platos de la cocina del Pacífico. Aquí se degusta también la cazuela de mariscos, el arroz marinero –con piangua- las canastillas de plátano con seviche o toyo ahumado, el tapao de pescado ahumado entre otros. El nombre del lugar es un homenaje a su abuela, Teresa Lozano de Núñez, matrona bugueña,  quien le dejó de herencia una tinaja de barro con piedra para filtrar agua, con una historia de más de 400 años de existencia, la cual ha pasado de generación en generación.

En la vida de Álvaro Arana, la pasión por su profesión la cirugía plástica, la cocina y los caballos han ido de la mano, todo esto lo comparte en compañía de sus hijos, Camilo quien está terminando medicina, María José y Juan Martin.

En torno a la cirugía plástica han surgido hoy en Cali muchas empresas, lo que permite identificar esta actividad como un “cluster de salud”, uno de los que más aporta al desarrollo y economía de la ciudad. La cirugía plástica de Cali tiene hoy un lugar en el mundo. Colombia ocupa hoy el quinto lugar en el planeta, como el país donde se realiza el mayor número de cirugías plástica, y Cali tiene ahí su nicho especial de prestigio y reconocimiento.

A nivel latinoamericano, Cali ocupa el cuarto puesto después de Sao Paulo, Rio de Janeiro y Ciudad de México. “A Cali se desplazó el mayor número de industrias que confeccionan fajas post operatorias. Aquí existen escuelas de estética donde se forman mujeres que hacen masajes especiales para esta etapa que va después de la cirugía. Esto sin contar la creación de hoteles boutique con una orientación específica al manejo de los post operatorios, con presencia permanente de médicos y enfermeras. Tenemos un gran flujo de pacientes desde el exterior, sobre todo de Estados Unidos y España”, manifiesta.

En Cali existen 130 cirujanos plásticos, congregados en torno a la Sociedad Colombiana de Cirugía Plástica, Estética y Reconstructiva, cuyo presidente nacional es Ricardo Galán, y Álvaro Arana, Secretario Ejecutivo Seccional. 

Arana, por herencia y tradición de su familia, tiene una afinidad por el campo y la agricultura; hoy hace lo posible por impulsar una actividad orgánica natural, lo que le permite nutrir con estos productos a La Tinaja, y también a su propia vida. “Hay que devolverle a la tierra lo que nos da”, dice, y él la trata como a una señora venerable, la Pacha Mama que todos debemos cuidar.

El 19 de este mes de octubre estará en Kyoto, Japón, invitado para disertar acerca de una nueva técnica quirúrgica de la cual es su creador, la cual consiste un levantamiento o reducción de senos con cicatrices mínimas o reducidas y con un resultado de mayor duración al que se conoce hoy. Esta técnica  será dada a conocer en el congreso de Brasil y será publicada en la revista Plastic Surgery de Estados Unidos, así como en la revista Iberolatinoamericana de Cirugía Plástica.

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