Martes 25 Junio 2019

Un Vals para Mónica

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Como la de muchos artistas, la vida de la sueca Mónica Zetterlund parece el guión de una película: Predestinada a la música, tuvo un accidente en un columpio cuando era niña y desde entonces cargó toda su vida con una escoliosis que finalmente la sometió a una silla de ruedas. Se casó tres veces sin lograr aparentemente una felicidad conyugal plena y como si fuera poco, murió en horribles circunstancias, cuando su apartamento en Estocolmo se incendió y ella no pudo escapar debido a su parálisis.

Una vida de película. Así también lo consideró la productora sueca Lena Rehnberg, quien durante más de una década como exitosa realizadora en el cine de su país, tuvo siempre en mente la idea de llevar a la pantalla la vida de Mónica Z, como fue reconocida en el ambiente artístico.

Cuando Lena era niña, Mónica era ya una estrella irresistible para todo el pueblo sueco, pero debido a un traspiés inesperado en el Festival de Eurovisión de 1967 -acabó con 0 de puntuación- de repente tuvo en su contra a muchos de sus anteriores admiradores.

Lena, que por ese entonces tenía 5 años, recuerda haber llorado mucho el desastre de Mónica Z en Eurovisión. Y fiel siempre al fenómeno musical que constituía la estrella, considera que fue en ese momento que comenzó la veneración que ahora se traduce en la película que estrena en Colombia la distribuidora Cineplex.

Dirigida por el laureado danés Per Fly, “Un vals para Mónica” -título de una de sus famosas canciones- es un encantador musical que refiere los pasajes más importantes de la vida tormentosa y fulgurante de Mónica Zetterlund. Si bien algunos historiadores han salido a criticar la “licencia artística” que asume el guión de Peter Birro, la mayoría del público disfruta esta especie de telenovela musical llena de pliegues y giros inesperados.

Uno de los cambios más drásticos del guión con respecto a la biografía de la cantante, es que le atribuye un padre oscuro y dominante, que jamás la apoyó en su proyecto musical. Esto, aunque dramáticamente más atractivo para la audiencia, resulta inexacto, ya que el padre de Mónica fue el pintor y acordeonista Sik-Bengt Nilsson, quien siempre apadrinó los anhelos artísticos de su hija.

Por otra parte, la película ignora la carrera como actriz de Mónica, comenzando con su colaboración con el dúo cómico Hasseåtage, que fue justamente lo que le abrió las puertas de los escenarios en los años 60 y 70. Mónica Zetterlund obtuvo finalmente en 1972 el premio Guldbagge como mejor actriz de reparto por la clásica cinta de Jan Troell, “Los emigrantes” coprotagonizada por Liv Ullman y Max von Sydow.

“Un vals para Mónica” ostenta sin embargo, como la mayoría de los biopics, la gran fortaleza de contarle a las nuevas generaciones quién fue la artista sueca más destacada de su época y cómo el licor y los excesos estuvieron a punto de malograr su talento. Nos regala además, el surgimiento internacional de una nueva estrella, la también cantante, compositora, pianista y ahora actriz, Edda Magnason, constituyendo el mayor atractivo del filme: Una actuación visceral y profunda como Mónica Zetterlund, para el recuerdo del cine europeo y mundial.

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